 Aprovechando el fin de semana hemos decidido escaparnos a San Sebastián y cerrar con los donostiarras su Semana Grande, la Aste Nagusia como la llaman allí.
Hemos de advertir en primer lugar, que para viajar en Semana Grande a San Sebastián, es preciso haber reservado habitación con mucha antelación, o tener algún amigo que nos pueda buscar alojamiento allí. En estos siete días, la ciudad se llena hasta la bandera.
Pero San Sebastián es una ciudad tan bella que merece la pena disfrutarla en cualquier época del año. Si bien en verano es especialmente agradable por la suavidad del clima en dicha estación.
Hacer turismo en San Sebastián es una experiencia única, diferente de viajar a cualquier otro lugar. Aquí no existe ninguna actividad netamente turística, a diferencia de otras zonas costeras, no hay lugares exclusivamente para "guiris". Lo más normal cuando uno viene de fuera en esta ciudad, es insertarse entre el tejido donostiarra, ir a sus bares, tomar sus pintxos, caminar por el paseo de La Concha un domingo por la mañana... esto es lo que hace cualquier donostiarra.
Vayamos por partes, hablemos de la gastronomía. Es dificil recomendar un bar o un restaurante en San Sebastían, todos son increiblemente sobresalientes. Comer un bocadillo de jamón ibérico en cualquier lugar de La Bella Easo es un auténtico deleite para el paladar. Nosotros estuvimos en el bar La Espiga (C/ San Marcial, 48) donde dimos cuenta de sus bocadillos de jamón y los de tortilla de patata. Pero hablar de pintxos y zuritos (pequeños vasos de cerveza) en Donosti, es hablar de la Parte Vieja. Así es como llaman los donostiarras al casco antiguo de la ciudad, donde existe una altísima concentración de bares y tabernas, y un no menos alto nivel de sus cocinas.
Es en la Parte Vieja donde nos encontramos con el bar Gandarias, en el número 25 de la calle 31 de Agosto, de donde es pecado irse sin probar su pintxo de solomillo, aderezado con una tira de pimiento verde, un manjar. En esa misma calle, en el número 9, tenemos el bar La Cepa, estos dos últimos sirven unos bocatas de ibérico que son puro vicio. El nombre de esta calle, que tiene una altísima concentración de bares de excelente nivel gastronómico, hace referencia a un incendio que asoló la ciudad en tal fecha.
Podríamos citar cientos de ejemplos más, pues no hemos encontrado un lugar en Donosti donde no se sepa cocinar, pues aqui el aperitivo es auténtica cocina. Si pasamos a palabras mayores, cabe citar auténticos hitos de la historia de la gastronomía a nivel mundial como son Arzak o el Akelarre de Pedro Subijana, un poco más a las afueras, con unas inmejorables vistas desde el monte Igueldo. Dentro de los grandes, pero a cierta distancia de estos últimos tenemos el restaurante del Kursaal, regentado por Martín Berasategui.
Después de la sobremesa, podemos pasear por La Concha o por el Boulevard, para llegar así hasta la pasteleria Otaegui (C/ Garibay, 23; si bien tienen un par de sucursales más) un lugar ideal para merendar, no se puede uno perder sus magdalenas, ni su bizcocho de almendras, magnífico para mojar en el chocolate o el café. Esta reposteria es ideal además para endulzar el viaje de regreso o para compartir con los amigos ya de vuelta, aunque como azucarado regalo a los amigos que no han podido venir con nosotros tenemos la pantxineta, postre tradicional vasco consistente en una pasta de hojaldre con almendra picada por fuera y crema por dentro.
En cualquier caso, la mejor guía de San Sebastían son sus vecinos, cualquier donostiarra sabrá indicarle un lugar fantástico para tomar algo, para pasear, para ver una preciosa puesta de sol... San Sebastián es una ciudad de la que nunca se cansa uno, porque su rutina, su cotidianidad, sus gentes, enamoran y le hacen a uno desear volver segun está marchando.
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