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Septiembre Si te gusta leer, te gustará Septiembre. Bajo ese nombre se esconde una sucesión de letras, frases, parrafos que transmiten emoción, sentimientos... Leerla es una delicia, a partir de ahora contamos con sus colaboraciones. No puedes dejar de visitar su weblog.
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Los libros que lee Septiembre
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08.04.2007 |
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Ha sido un verdadero deleite viajar hasta la guerra de Troya. Resucitar a los personajes de La Odisea ha sido una fabulosa idea que surgió en la mente del escritor David Torres mientras asistía a una clase, bastante aburrida, en la facultad y gracias a la cual podemos leer “El mar en ruinas” (Ediciones Destino, 2005).
La dificultad que, en mi opinión, supone escribir este libro, quizá por la falta de información que tenemos de la época, ha desembocado en mi admiración ante el esfuerzo realizado por el autor. La novela parte de la imagen de Odiseo en el momento en que regresa de la guerra de Troya y se reúne de nuevo con Penélope. Sufre una especie de “pérdida de identidad”, careciendo de pasado cuando llegan hasta sus oídos sus propias vivencias y proezas pero protagonizadas por un tal Ulises. Este altercado le hace emprender de nuevo un viaje, distanciándose de Penélope, para encontrarse a sí mismo, pero esta vez, el escenario será un mar en ruinas en el cual asistiremos al decaimiento y a la decrepitud de Odiseo desapareciendo como mito. Aquí la verdadera dueña de la historia es Penélope que actúa como narradora, relatando los acontecimientos al hijo que lleva dentro, ofreciéndonos otra versión, otro punto de vista, mientras teje sin parar sus tapices que dan forma a escenas de crueldad y desconcierto, describiendo, muchas veces, ruinas irreparables. La novela refleja la brutalidad, la ferocidad aunque con un toque de ironía en muchas ocasiones. En la última parte de la novela, Penélope deja de ser la narradora y la voz queda en manos de una tercera persona que nos describe escenas de horror y destrucción de pueblos, además de la pérdida del hijo que Penélope estaba engendrando. Asistimos al acoso que recibe Penélope por parte de las erinias, divinidades de la venganza, que persiguen a los criminales mientras estos viven, con el fin de que reciban su castigo. Me sorprende que este sea el mismo autor de “El gran silencio” (finalista del Premio Nadal en 2003) pues parece otro escritor completamente distinto. Una novela totalmente recomendable, con unas descripciones que rozan la perfección y un tono coloquial que nos acerca a los héroes de Homero de una forma novedosa y muy atrayente. Otro libro, muy distinto, que cayó en mis redes hace unos días es “El privilegio de ser perro” (El Aleph Editores 2005) de Juan Diego Botto. En él se trata el tema de la inmigración, gran problema en la actualidad, mostrado a través de 3 monólogos escritos por el actor y un cuarto escrito por el periodista argentino Roberto Cossa.
El primero, que da nombre al libro; es un monólogo donde un personaje anónimo habla de forma caótica pasando de un tema a otro llegando a la conclusión de que, a veces, un perro tiene más derechos que un inmigrante. El segundo “Arquímedes” nos muestra el trato que recibe un inmigrante por un funcionario racista en el momento en que acude a buscar su visado y tropieza con un sermón repleto de intolerancia. Otro monólogo es “La carta”; una historia muy dura basada en un hecho real que nos relata la historia de 2 niños cuando tratan de huir de su país escondidos en un tren de aterrizaje de un avión que se dirige a Europa. En el trayecto escriben una carta conmovedora dirigida a “los responsables de Europa” pidiéndoles ayuda para que arreglen África. Los niños murieron congelados y los encontraron junto a la carta. Por último, un texto de Roberto Cossa que lleva por título “Definitivamente adiós”. Nos muestra tres generaciones que se mueven entre España y Argentina, países unidos por sus heridas y su destino incierto, donde se comparte la nostalgia y, a veces, la impotencia e indignación. Un libro que nos hace pensar. Escribe tu comentario (0 Comentario[s]) |
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Los libros que lee Septiembre
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15.03.2007 |
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Mientras los días avanzan y los relojes no dejan de caminar, voy adquiriendo libros, leyendo y pasando una página tras otra, al tiempo que se escriben los capítulos de mi propia vida. De este modo los personajes y los escritores que me acompañan impregnan cada uno de mis movimientos sin apenas darme cuenta. No hubiese podido permanecer impasible jamás ante las palabras de Kenzaburo Oé. Entre mis últimas lecturas está “Arrancad las semillas, fusilad a los niños” (Anagrama, 1999) donde nos muestra una historia dura que me golpeó fuertemente en pleno rostro. Un grupo de chicos procedentes de un reformatorio son evacuados a un pueblo en la montaña. En el pueblo estalla una epidemia que hace que todos los habitantes se marchen abandonando a los niños ante la probabilidad de que sean portadores de la enfermedad. Los chavales pasan por la desesperación, el intento de seguir a los campesinos y la lucha constante por sobrevivir. Entre las páginas de esta obra maestra surge la muerte, el egoísmo, la cobardía, la maldad, la traición, la inocencia de los niños, la imaginación e incluso el amor. Un libro muy recomendable a pesar de mostrarnos una realidad que duele y una dureza que a veces roza la crueldad. Otro de mis últimos descubrimientos ha sido la autora francesa Ana Gavalda. En su novela “La amaba” (Seix Barral, S.A. 2003) nos cuenta la historia de una joven a la cual su marido abandona para irse con otra mujer. En ese momento en el que necesita cambiar de aires, recibe una invitación de su suegro, un señor de 75 años, para ir a su casa de campo a pasar un fin de semana. Las conversaciones que mantienen durante el largo fin de semana, son magníficas, repletas de emociones. Ella le considera introvertido, hermético y arrogante. Poco a poco se van sincerando y nos damos cuenta de que tras esa fachada hay algo más. Él le cuenta una historia de amor de su pasado, amor al que renunció por cobardía y cuya pérdida le ha convertido en un ser infeliz. La novela nos relata las dos caras de una misma historia a través de dos vidas distintas. Habla de relaciones humanas, de sentimientos, de trenes que no cogimos y de oportunidades que se colocan ante nosotros y se nos escapan. Después de disfrutar con los dos libros anteriores recibí un espléndido regalo: “Esta pared de hielo” (Ediciones Alfaguara, S.A. – Grupo Santillana 2005) de José María Guelbenzu. El autor nos muestra dos caminos el del cuerpo y el del alma ante la llegada de la muerte. Tras el fallecimiento de Julián Bo se entrelazan tres escenas. En primer lugar tenemos el viaje del alma del difunto por el río de los muertos mientras charla con el barquero que lo llevará hasta la muerte, sucesos diversos que ocurren en el tanatorio por el que van desfilando las personas que lo acompañaron y por último una visita inesperada que recibe la viuda de alguien que dice interesarse por el alma del difunto y que resultará ser el diablo. Al final de la novela el diablo y la muerte tienen una genial conversación sobre sus respectivos futuros. La novela nos lleva a recapacitar ante el predominio de “almas estúpidas o intrascendentes” en el mundo actual. Una novela bañada en sarcasmo y en humor inteligente pero al mismo tiempo muy seria. Y en este momento tengo entre mis manos “Construyendo Babel” (Tropismos 2004) de Hilario J. Rodríguez. Un autorretrato del autor, lector obsesivo, que nos cuenta su vida como un paseo por los libros que ha devorado en su vida, recuperando las lecturas de su infancia, juventud y madurez. Observa las huellas que él mismo ha dejado en cada libro al mismo tiempo que cada libro va dejando rastro en él. Hay numerosas referencias a autores como Veronique Olmi, Philip Roth, Agota Kristof, Joseph Cornell, Gaétan Soucy…Un homenaje a la literatura recomendable para aquellas personas que aman los libros, adictos a la lectura como lo soy yo. Escribe tu comentario (0 Comentario[s]) |
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Los libros que lee Septiembre
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28.01.2007 |
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Cuando conseguí al fin un piso propio, aquel mueble enorme y blanco parecía desnudo y deseoso de color. No me gustan mucho los adornos inútiles y esparcí unos cuantos libros que tenía, intentado que ocuparan el máximo espacio posible. Desde ese primer día, en el cual me dispuse a poner orden e intentar crear un ambiente acogedor, han pasado años y el mueble blanco está repleto de libros, de tesoros literarios que se amontonan en un intento de acomodarse cada día sin necesidad de comprar otro mueble por falta de espacio. He conseguido que en cada estante quepan dos filas, una tras otra, y dudo en cada uno de mis movimientos hasta dar con el lugar adecuado para cada libro. Aquellos que me decepcionaron habitan en la última fila. Los que aún no he leído los coloco a mano ansiando ver que esconden. Siempre visibles permanecen esos que al terminarlos me golpearon tocándome el alma, convirtiéndose en fundamentales y dignos del mejor hueco tanto en el mueble como en mi interior. En la categoría de “siempre visibles” está “El último encuentro” de Sándor Marái. Descubrí a este magnífico escritor algo tarde, es un gran placer leer cada una de sus obras. En “El último encuentro” no hay grandes acontecimientos pero se derraman montones de sentimientos que se intentan esconder tras una larga conversación utilizando la palabra como única arma. Entre sus páginas encontramos un encuentro de dos amigos tras 41 años sin verse. El motivo de este encuentro es un secreto oculto tantos años y que necesita ser desvelado. El propietario de la mansión donde se reúnen necesita cerrar este asunto, poner las cosas en su sitio y dejar sus dudas resueltas pero se enfrenta al paso de los años que a veces altera la importancia de los acontecimientos y trastoca nuestros objetivos e intenciones. Junto a “El último encuentro” descansa “La hoja roja” de Miguel Delibes, uno de nuestros mejores escritores. Delibes nos cuenta la historia de un anciano, Eloy, describiéndonos cómo pasa sus últimos días después de su jubilación. Su única compañía es Desi, una chica pueblerina que le cuida y vive con él para hacer las tareas domésticas. La sensación de vacío y de soledad que hay en toda la novela, no muestran en ningún momento dolor. La relación entre los dos personajes es muy cálida y siempre actúan con optimismo. Los personajes son entrañables y conseguimos, gracias al enorme talento del escritor, conocerlos por sus diálogos y su forma de expresarse. La hoja roja es la hoja que salía en los librillos de papel de fumar para avisar cuando nos faltaban 5 para que se acabasen. El día que Eloy se encuentra con esta hoja roja comienza a pensar que se trata de un aviso y que se acerca el final de su vida. Es entonces cuando le dice a Desi: “«Tendrás estorbo por poco tiempo, hija. A mí me ha salido ya la hoja roja en el librillo de papel de fumar» Ahora me observan desde la estantería todas esas joyas literarias en las que además de historias muy bien contadas, se esconde un pedacito de mí. Mientras vamos leyendo una mano invisible escribe nuestras vidas. Les guiño el ojo mientras recuerdo ese best seller que tantos amigos se asombraban de que yo no hubiese leído ni quisiera leer y que al final una amiga me regaló para mi cumpleaños consiguiendo que intentara adentrarme en sus páginas… Nunca conseguí terminarlo, lo confieso, y lo castigué involuntariamente escondiéndolo en la última fila. Cuando visito a alguien observo sus libros en un intento de saber más de ellos, indago en sus librerías y si hay confianza me permito rebuscar que esconden tras sus primeras filas. Escribe tu comentario (0 Comentario[s]) |
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Las películas que ve Septiembre
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30.08.2006 |
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La afluencia masiva de inmigrantes a nuestro país es un tema que podemos escuchar cada día en los informativos de cualquier cadena de televisión. Lo ideal, aunque suene algo utópico, sería que desaparecieran las fronteras y que todos tuviésemos el derecho a tener un trabajo digno y una vivienda en el lugar que eligiésemos para vivir. Como esto no es así aparecen problemas y en un intento de hacernos reflexionar muchos directores de cine abordan este asunto, tan de actualidad, en sus creaciones.
Hace unos días estuve disfrutando en el cine de la película “El próximo Oriente”. Me ha parecido una fabulosa idea mostrarnos a través de una comedia una historia sobre la convivencia entre las distintas culturas, los problemas que aparecen cuando nuestras costumbres chocan con las de otros y viceversa, y lo mejor de todo, elegir como escenario de esta magnífica trama el pintoresco barrio de Lavapiés en Madrid. Caín y Abel son dos hermanos muy distintos. Abel casado con una bella mujer y con dos hijas deja embarazada a una joven cuya familia proviene de Bangladesh. Caín decide hacerse pasar por el padre del niño haciendo frente a todas las responsabilidades de las que su inmaduro hermano huye. A partir de esta historia surgen un montón de situaciones divertidas y sobre todo llenas de optimismo. Lo mejor de la película, en mi opinión, son las imágenes de un barrio de gran riqueza cultural, la interpretación de Nur Al Levi y la banda sonora. Desde luego el sentido del humor es un buen punto de partida para hacernos pensar y sobre todo para abrirnos los ojos y ver como la mezcla de culturas siempre es enriquecedora mientras no se pierda el respeto. Escribe tu comentario (0 Comentario[s]) |
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Cosas bonitas...
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07.08.2006 |
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He estado varias veces en Alicante pero esta última vez he vuelto con la sensación de haber visitado los mejores sitios. He regresado con mejor sabor de boca que otras veces, y es que Alicante es mucho más que playa y paella. Esta vez he salido en buena compañía a callejear en busca de unos cuantos tesoros.
Mi primera grata sorpresa fue “La Taberna de Charli” situada en la Calle Toledo 36, en el Barrio de Santa Cruz. Su terraza está en uno de los mejores rincones de la ciudad. Lo primero que debo destacar es la simpatía, tanto de Charli como de su compañera. Se agradece que queden sitios en los cuales cada plato se cocina con cariño y donde nos permiten sentirnos entre amigos desde nuestra primera visita. Nos decidimos por un sabroso queso templado con dátiles, una ensalada tabuleh y sus auténticos pinchos morunos con una mágica mezcla de especias: deliciosos. Lo único que puedo decir es que quiero volver. Otro descubrimiento, muy diferente del anterior y siguiendo la “moda” de los locales orientales, es el restaurante asiático Zhu ( www.restaurantezhu.com ), en la calle Doctor Sánchez San Julián núm.6. El ambiente es muy tranquilo, con música asiática de fondo, muy amplio y con mucha luz. Como entrantes probamos “Algas fritas” y “Mixto Sashimi y Sushi”, con diferentes pescados crudos. De segundo pedimos la especialidad y creo que la mejor opción, “Pato laqueado de Peking”. En este lugar comernos el pato se convierte en un auténtico ritual. Primero tomamos un consomé con un agradable sabor, después se realizan rollitos con la corteza del pato. Los rollitos son de harina de trigo y van untados con salsa de ciruela y una rama de ajo tierno. Por último, el tercer paso, es disfrutar de la carne del pato con verduras. Podemos acompañar la carne, si queremos, con tallarines o arroz. De postre podemos probar el helado de té verde o una de sus múltiples infusiones. Después de estas dos opciones gastronómicas lo mejor es saborear la noche y buscar un lugar apartado del gentío y con buena música. Con esta idea llegamos hasta “4Gatos” en la calle García Morato num. 4 (www.4gatosjazz.com ) En este local además una buenísima banda sonora para los nocturnos, podemos encontrar exposiciones y buena gente. Para los que quieran quedarse cerca de la playa les recomiendo “El Chiringuito” en la playa del Postiguet. Aquí encontramos unas cuantas mesas y sillas frente al mar. Mientras pasan las horas, las sillas se duplican, sube la música, se añaden las tumbonas, algunos eligen el suelo para acomodarse… y así hasta altas horas, disfrutando de las vistas del mar y de una agradable brisa. Y es que cada ciudad tiene su encanto, unas veces más escondido que otras, es cuestión de salir en su busca. Escribe tu comentario (2 Comentario[s]) |
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